Piketty, la desigualdad y la violencia en México

Rodrigo Llanes*

Uno de los acontecimientos editoriales e intelectuales más notables de este año ha sido la publicación de la edición en inglés de El capital en el siglo XXI del economista francés Thomas Piketty. El libro, publicado originalmente en francés en 2013, se ha sumado y ha contribuido a las discusiones en torno a la crítica de la ciencia económica, sobre todo a sus versiones más abstractas y cuantitativas que se encargan de legitimar el orden existente, así como al debate en torno a la desigualdad global, sus causas, consecuencias y posibles maneras de reducirla. El día de hoy (24 de noviembre), el Fondo de Cultura Económica publicó una traducción al castellano de dicha obra, lo cual representa una excelente oportunidad para la lectura y discusión del libro en México, sobre todo en la coyuntura actual que estamos viviendo en el país.

            Uno podría pensar de inmediato, ¿no El capital en el siglo XXI es un libro, por lo demás bastante extenso (663 páginas), de economía, lleno de datos sobre la evolución y distribución de la riqueza en países ricos (sobre todo Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Japón), con eventuales ejemplificaciones provenientes de la literatura francesa e inglesa (Balzac y Austen)?, ¿qué tiene que ver eso con México (ciertamente América Latina, la región más desigual del planeta, está básicamente ausente en la discusión de Piketty —sólo aparecen datos sobre Argentina) y con la actual crisis relacionada con la masacre de Tlatlaya, las desapariciones forzadas en Ayotzinapa, las fosas encontradas en varias partes de Guerrero, las demandas y movilizaciones de los estudiantes del Politécnico, los manifestantes detenidos el pasado 20 de noviembre, amén de los muy numerosos casos de violencia e injusticia en el país?, ¿para qué leer ese libro en estos momentos? En realidad, más allá del deseo de conocer más sobre la evolución y distribución de la riqueza en los países ya mencionados y sobre la desigualdad global en nuestro mundo contemporáneo, hay varias razones por las que, ante la situación actual en México, la lectura y discusión del libro de Piketty es importante. Veamos.

            En primer lugar, no podemos desvincular el problema de la violencia, la impunidad e injusticia en el país de la problemática convencionalmente considerada “económica”. Por un lado, porque no existen “la economía”, “la política”, “la cultura” como esferas separadas de la realidad. Por otro lado, porque, aún considerando que existen fenómenos que analíticamente podemos nombrar “económicos” y otros que no (o que no nos interesan en su faceta “económica”), es imposible entender el desarrollo del crimen organizado vinculado al narcotráfico y a las estructuras gubernamentales si no atendemos a los procesos de liberalización comercial, de privatización de bienes y de empresas estatales, de una creciente financiarización de la economía, de una mayor dependencia con los Estados Unidos, entre otros elementos. Asimismo, como han insistido varios analistas, entre ellos Edgardo Buscaglia (en Vacíos de poder en México, 2013), la delincuencia organizada es un fenómeno también económico, no uno solo militar, y debe tratarse más allá de una política policial o judicial.

            En segundo lugar, porque la desigualdad, el tema central del libro de Piketty, también es fundamental para entender la situación que está atravesando México. Un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (El aumento de la desigualdad, 2014) informa que México es el país miembro de dicha organización en donde la brecha entre los ingresos del 10% de la población más rica es más amplia respecto al 10% más pobre. Así, en 2011, las personas con más altos recursos llegaron a obtener ingresos hasta 30 veces superiores que los del segmento de más escasos recursos. A estos datos podemos agregar que, de acuerdo con un informe reciente de la Cepal, la Organización Iberoamericana de Juventud y el Instituto Mexicano de la Juventud, el 45% de los jóvenes mexicanos son pobres. A pesar de que los jóvenes mexicanos del México de hoy tienen mayor nivel de escolaridad respecto a sus padres (3 de cada 10 tienen educación media superior), el avance educativo no se ha visto reflejado en una movilidad ascendente de estatus socioeconómico. Esta situación parece ilustrar muy bien una de las tesis más provocadoras de Piketty, a saber, que vivimos de nuevo en un “capitalismo patrimonial”, en donde las formas de movilidad social ya no son posibles a través de la educación, sino por medio de la herencia (como bien lo muestran los ejemplos de las novelas de Balzac y Austen citados a lo largo del libro). En otras palabras: en el México de hoy, si naces pobre, mueres pobre.

            A pesar de que la educación no garantiza hoy una movilidad social ascendente, Piketty sostiene que sigue siendo la principal fuerza de convergencia o de reducción de la desigualdad. Sin embargo, los datos recientes de la Organización de las Naciones Unidas (Estado de la población mundial 2014) relativos a que el 60% de los aproximadamente mil 800 millones de jóvenes en el mundo no estudian ni trabajan, nos dejan con panorama aún más desolador. Son justo esos jóvenes que “ni estudian ni trabajan” los que, por un lado, representan una fuente de ingresos millonarios para las bandas del crimen organizado a través de su reclutamiento como sicarios y “halcones” (tal como ha informado recientemente el director ejecutivo de la Red por los derechos de la Infancia en México, Juan Martín Pérez García). Por otro lado, son esos ninis los que son socialmente invisibles, inexistentes, olvidables (Buñuel dixit); aquellos que cuando desaparecen no despiertan indignación, aquellos cuyos cuerpos en fosas clandestinas nadie reclama. Jóvenes que ni trabajan ni estudian que matan a otros jóvenes que ni trabajan ni estudian.

            Por último, vale la pena leer la obra de Piketty por la osadía de formular propuestas para la reducción de la desigualdad que van a contrapelo de muchas de las políticas que se han adoptado en años recientes (el proteccionismo, el control del capital, la deuda, la inflación, la austeridad…). Además de la educación como fuerza de convergencia (aunque habría que cuestionar: ¿qué tipo de educación?, ¿una que reproduce la disciplina, el control, las desigualdades existentes, el ideal neoliberal del individuo individualista y competitivo…?), propone un impuesto global progresivo sobre el capital. Se trata de una propuesta que, como el propio Piketty reconoce, es utópica, y que le ha merecido varios cuestionamientos. En México, la discusión tiene que vincularse con las recientes “reformas” que, se presume, “moverán” a México, pero que, como varios analistas han advertido, resultaron más bien casos de gatopardismo mexicanos, tal como lo ha ilustrado la regresión en torno a la regulación de los monopolios en el sector de telecomunicaciones (precisamente uno de los que concentra mayor riqueza en toda América Latina). Tal vez la respuesta no sea impuesto progresivo al capital, pero es urgente la discusión pública en torno a la instrumentación de un control democrático a dicha riqueza, lograda a partir de las alianzas entre gobierno y empresas y la desposesión de recursos de la población. Es una “regresión” no sólo en lo que a la regulación del capital se supone, sino también al intento de control de la población, como con la reciente detención de once personas en la histórica manifestación del 20 de noviembre.

Pd. Mi solidaridad con los compañeros de la Escuela Normal Rural de Hecelchakán, Campeche, quienes están en paro y, como muchos otros manifestantes, temen a las represalias por parte del gobierno. No están solos.

*Estudiante del doctorado en Ciencias Antropológicas

en la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s