La Dictadura (realmente) perfecta en México: neoliberalismo y cambio

Irving Góngora Arjona. Igongora24@gmail.com

Mi objetivo es describir tanto a través de ciertas situaciones ocurridas en México así como de las actuales demandas de cierto sector de la población, debido a todas las problemáticas después de Ayotzinapa, cómo se posiciona en México una dictadura (realmente) perfecta, según Enrique Montalvo de la Garza (2013). Para ello mencionaré a qué se refiere con su término “La dictadura realmente perfecta”, que es el neoliberalismo; después describiré ciertas características del neoliberalismo; posteriormente resaltaré cómo ciertas reformas coadyuvan al posicionamiento de esta dictadura. Para finalizar resaltaré que las demandas de las actuales manifestaciones ocurridas en México responden ya no sólo a un cambio político sino a un cambio económico y estructural del estado mexicano.

La dictadura realmente perfecta

Enrique Montalvo mantiene la tesis de que el neoliberalismo se posiciona como una dictadura realmente perfecta. Y si es perfecta es porque, pese a las discontinuidades en la presidencia de México, se mantiene la lógica neoliberal en un contexto en que la democracia se reduce a votar por la figura, pero sin decidir sobre esta hegemonía económica. Más allá de un proyecto individual llevado a cabo por un presidente en un sexenio, fue un proyecto a nivel internacional desde los años 70 y en México desde los 80, en el que participan intereses individuales de grandes empresarios mexicanos y extranjeros.

            Este autor realiza un análisis que conjunta dos ámbitos que en la realidad mexicana se piensan separados: el sistema político y el económico. Y resalta que antes que estén aislados se unen para llevar a cabo un proyecto de Nación que beneficia a unos pocos y despoja a varios; en este caso la mayoría de los mexicanos.

            Dentro de este Estado la democracia se vacía de toda participación ciudadana y se reduce a un ámbito procedimental: el voto y las instituciones que regulan el ámbito electoral. Los ciudadanos únicamente elegimos a quién nos gobernará pero no la manera en que se llevará a cabo. Esta democracia representativa omite a la población y deja a su disposición a los tres ámbitos de Gobierno todas las prácticas para el cambio, sin ningún tipo de consulta popular.

            En esta dictadura perfecta la ciudadanía puede, a través de su voto, cambiar tanto a las personas en el poder y a los partidos, pero no el trasfondo estructural económico-político. Es por esto que queda justificado todo tipo de reforma que atente a la soberanía y a los individuos para el beneficio del aparato político y a las empresas privadas. Es debido a dicha exclusión de la población, que el aparato estatal puede arremeter contra nosotros alegando a que haya sido un proceso democrático.

¿Cuál es este proyecto político-económico?

El neoliberalismo, surgió como una corriente teórica en la economía desde los años 60, pero con mayor fuerza en los 70, con el fin de reestructurar el sistema vigente en esos años. Se trató de una serie de posturas ortodoxas que pretendían recuperar los argumentos clásicos de la economía tanto el libre mercado y la competencia, así como los valores en las que se funda: la libertad individual, económica y empresarial. Así los dueños del capital se vuelven libres para asentar sus empresas en varias partes del país sin ningún tipo de barrera pero, a diferencia del modelo económico de antaño, los riesgos son asumidos ya no por el capitalista sino por el Estado.

            Según estos economistas el sistema económico anterior, el benefactor, ya no podría ser la solución a futuras crisis tales como la que se vivió en los años 30 y después de la posguerra; y surgió como respuesta a ésta. El estado benefactor se caracterizaba por un pacto entre Estado y la economía para el beneficio de la población: fortalecimiento del mercado interno, cobros y aranceles a empresas extranjeras, creación de instituciones públicas y un fuerte gasto en el bienestar social. Todo esto, según los neoliberales, daña la economía pues esta intervención Estatal atenta con el libre mercado.

            El supuesto objetivo del neoliberalismo es disminuir la inflación y poder así lograr el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), y mientras más crezca habrá un derrame por goteo a la toda la población que no logrará participar. Así, las medidas del Estado serán tanto para privilegiar a los dueños del capital y a la inversión extranjera; la desigualdad se figura como necesaria pues el desarrollo estaría en manos de los inversores.

Los tecnócratas mexicanos prometían que la libre empresa y la sinergia propia del mercado entre la oferta y demanda, acarrearían un desarrollo económico y bienestar social. Pero en México esto no ha ocurrido, o al menos no para la mayoría de los mexicanos.

Harvey (Harvey 2007, 169) propone que el neoliberalismo ha fracasado en la estimulación de crecimiento de la economía mundial y el bienestar de las personas[1]. Él dice que esta teoría económica pretende restaurar el poder de clase élite mediante la desposesión de bienes tanto colectivos e individuales, ya que el dinero no desaparece sino que se redirige. Y el Estado reduce su papel a intermediario para preservar el marco institucional (Harvey 2007, 6-7, 38). Tres características del neoliberalismo son: 1) la privatización de bienes y servicios, 2) la procuración de la participación mínima de Estado con respecto al mercado, y 3) la reducción de las políticas públicas (Klein 2011). El Estado tendría el papel de crear y preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo del mercado.

El neoliberalismo no es únicamente una teoría económica, sino que desde su implementación, se ha configurado como un proyecto político para cambiar la sociedad. La gran promesa del neoliberalismo, el desarrollo económico, no se ha cumplido; y en materia de desarrollo social las deficiencias de este modelo son más que evidentes[2]. Este programa fue llevado a cabo a través de la implementación de múltiples reformas estructurales durante los sexenios posteriores a 1982.

El Estado neoliberal es un estado centáurico debido a que se nos presenta con dos facetas: por un lado una humana, emprendedora, innovadora, que promueve los valores del héroe empresarial, que atrae inversión extranjera, abre el país para que las personas más ricas del mundo lo saqueen; pone en bandeja de oro el enriquecimiento desmedido a costa de los trabajadores (Wacquant 2010). Pero otro lado, la animal, es represivo, precario y frugal, que para mantener el orden económico puede dañar, matar tanto directa como indirectamente; un Estado que sojuzga, promueve la pobreza y suscita la precarización del empleo.

Reestructuración económica en México: propuestas neoliberales

A continuación mencionaré brevemente algunos cambios significativos en la economía y política en México. En 1976, justo antes del periodo presidencial de López Portillo (1976-1982), estalló una crisis económica con grandes consecuencias para el país. Durante este gobierno, los organismos financieros internacionales empezaron a mover sus piezas para recomendar que México minimizara el gasto público.

            El sexenio siguiente, el de Miguel de la Madrid (1982-1988), significó la entrada al neoliberalismo en México. En este sexenio empezó la apertura al capital extranjero mediante el General Agreement on Tariffs and Trade (GATT) y significó la desaparición de aranceles y trabas administrativas para que las empresas transnacionales se asentaran en el país, lo que posteriormente debilitaría la economía interna de México, que se basaba en la sustitución de importaciones[3].

            En el sexenio de Salinas de Gortari (1988-1994), la apertura de México al neoliberalismo fue total, mediante el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN; 1993). Se privatizaron masivamente las empresas públicas, con aras de la “modernización” de los servicios para lograr el progreso[4]. Según Montalvo en este período se desmanteló la empresa pública estatal, se desarticularon las agrupaciones de los trabajadores, se despojó de poder las organizaciones laborales y campesinas, se creó un nuevo sujeto que privilegiaba el individualismo y el consumo masivo de mercancías (Montalvo 2013, 46).

            El siguiente periodo presidencial de Ernesto Zedillo (1994 a 2000), significó una gran crisis sin precedentes en  México, poco después de la implementación del nuevo modelo económico. “El error de diciembre” significó despidos, devaluación del peso, inflación, el aumento de la deuda externa,  pero lo más importante fue el rescate de la banca privada a través del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa).

            Durante la alternancia este sistema se consolidó aún más ya que se demostró que el sistema político y de participación sí funcionaba; se pudo cambiar el partido pero el proyecto neoliberal siguió adelante. Durante el sexenio de Fox (2000-2006) el papel del Estado se redujo al de una empresa, lo que rompió la relación Estado-bienestar de la población. Durante su mandato empresarios y tecnócratas conformaron su gabinete posicionando aún más estas ideas en la vida Nacional.

En el sexenio de Calderón (2006-2012) la lucha armada contra el narcotráfico estuvo posicionada tanto al mantenimiento óptimo de este sistema económico así como a la erradicación de toda amenaza que atentará esto. En ambos periodos se dio una guerra contra la pobreza, que más pareció contra los pobres, ya que significó un incremento en los índices de muertes y personas desaparecidas.

            Durante los dos años de este gobierno de Peña Nieto (2012-) se logró cristalizar todas las series de reformas político-económicas pensadas durante los mandatos anteriores, pero que no pudieron llevarse a cabo. Estas reformas rompen aún más el pacto con el bienestar social en beneficio de unos cuantos, normalmente los que controlan el capital y el poder. La reforma laboral, enclave de las dos administraciones, significó un beneficio más para los empleadores que para los trabajadores; la reforma fiscal vino a atentar a los microempresarios y a beneficiar a las grandes cooperaciones, etc.

            Pero tal vez la de mayor envergadura para este resquebrajamiento del pacto Estado-bienestar fue la reforma energética, ya que cedió a la concesión privada parte del proceso de extracción de los hidrocarburos. Unas de las grandes fuentes de generación del PIB ahora se encontrarían en manos privadas. Pero no sólo ello, sino que se creó una fuerza especial, la Gendarmería Nacional, para salvaguardar estos aspectos productivos, o sea  las empresas extranjeras. El atentado hacia la naturaleza, hacia las comunidades étnicas y campesinas, no importa y peor aún se atentarán contra ellas, porque lo más importante es mantener este sistema político-económico.

            La seguridad dentro de esta dictadura perfecta se reduce al estado como único capaz de usar la fuerza con el objetivo de evitar todo disenso social, y las exigencias colectivas. Los disensos y movimientos de la población en contra de todo esto se criminalizan en los medios de comunicación nacional y se someten de maneras forzadas.

Ni PRI, ni PAN, ni PRD

Debido a los conflictos acontecidos en los últimos meses en México, en los que este Estado se ve implicado, ahora se explicitan que los problemas son causados por diversos fenómenos pertenecientes al sistema político-económico mexicano más que a un solo partido político. La desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa relacionada al alcalde y a su esposa del municipio de Iguala, el conflicto debido a “la casa blanca” y las dudosas relaciones empresariales para su construcción, así como continuas omisiones de demás políticos en varias partes del país; ahora es evidente que el problema no es un solo partido, sino el complejo político mexicano. Y es por eso que ahora en las demandas de la población se escucha decir: “ni PRI, ni PAN, ni PRD”.

            Si consideramos que tales demandas de la población se deben a fenómenos evidentes, que las personas observan día con día, ¿cómo es posible, que en un país que se dice democrático, que ha evidenciado la funcionalidad de sus instancias de representación, ahora sean las personas las que ya no confían en el sistema? Es evidente que más allá de la figura política de diversos partidos en los tres ámbitos de poder, se teje una red de intereses para el beneficio de unos cuantos y el despojo de la mayoría de la población.

Toda medida política llevada a cabo ya no satisface a la población debido a que cada vez más se evidencia esta estrecha relación negada entre la política y el sistema económico. De qué sirve la elaboración de políticas parciales sin considerar el aspecto económico: reformar el aparato policiaco, crear medidas para la eliminación de la corrupción, promoción de la seguridad. Lo que se intenta evitar ha sido provocado por este mismo sistema. La población demanda medidas que ya no sólo sean políticas, no se trata de un partido ni de una persona, sino toda una lógica que ha posibilitado esto. Demandamos por una democracia participativa y de estado de derecho en la que ya no sólo elijamos a nuestros dirigentes, sino tomar participación en todo ámbito que nos concierna como individuos y como mexicanos, para el beneficio de todos. Si ya conocemos que se instaura una lógica dictatorial más perfecta que se escapa de la política, demandamos que ésta sea cambiada para un futuro mejor.

[1] En la década de los años 60, fue a finales de ésta y principio de los años 70 que empezó una decaída en las tasas de crecimiento global, siendo la más baja presentada en 2003, cuando no llegó ni al 1% (Harvey 2007, 170). Del 3.5% en los 60, bajó a menos del 1% en 40 años.

[2] Durante este periodo la economía de México creció a una tasa de 2.1 %, la más baja en comparación de otros países como Estados Unidos, 3.1%; Costa Rica, 4.1%; Chile, 5.5; China, 10.2 (Batres 2013, 32).

[3] En México: “En 1984 el Banco Mundial otorgó a un país, por primera vez en la historia, un préstamo a cambio del compromiso de llevar a cabo reformas neoliberales estructurales” (Harvey 2007, 110).

[4] Según Harvey (2007) las mil cien empresas que poseía el Estado mexicano para 1982 se redujeron a 200 para el año 2000.

Bibliografía

Batres Guadarrama, Martí. 2013. El gran fracaso. Las cifras del desastre neoliberal mexicano. México: Ed. Rosa Luxemburg Stiftung; Morena Cultura y Para Leer en Libertad A.C.

Harvey, David. 2007. Breve historia del Neoliberalismo. Barcelona: Akal.

Montalvo Ortega, Enrique. 2013. Neoliberalismo: la dictadura realmente perfecta. México: Ariel, INAH.

Wacquant, Loïc. 2010. Castigar a los pobres. El gobierno neoliberal de la inseguridad social. Barcelona: Gedisa.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s